Viviendo juntos…

En un pequeño departamento llevábamos  los cuatro viviendo algún tiempo. Habíamos dejado nuestros cuartos de azotea y casas familiares, pero lo más importante era que entre todos nos alcanzaba para la renta y que la emoción se sentía hasta en las paredes. De haber convivido como amigos creo que hubiéramos acabado igual, porque solo después de un tiempo de pasearnos por entre los cuartos nos percatamos de la extraña aura que envolvía a las gemelas.

Al principio estábamos llenos de emoción, como sucede cuando deseas un cambio, transportando nuestras pocas pertenencias en cajas de huevo a través de las calles del centro infestadas de gente comprando. Esa imagen nunca se irá de mi memoria; tú estás cambiando radicalmente tu vida, y cargas literalmente con ella por la calle, y las banquetas, los quicios, las ventanas, los negocios, los puestos de garnachas y los pasos apresurados te demuestran a cada segundo lo solitario que este mundo es, aunque la sonrisa de bobo nadie te la quita por los siguientes días. Me acuerdo que las gemelas llegaron con su caja conjunta de huevo, en la que no había más que ropa, que obviamente compartían todo el tiempo.  Nosotros llegamos con una o dos cajas de cartón más que ellas en las que llevábamos nuestra ropa y nuestra biblioteca, esta última también la compartíamos todo el tiempo. De hecho ese es el verbo con el que puedo describir ese pedazo de mi historia. Porque, poco a poco el parecido entre ellas trastocaba incluso los más insignes detalles de la convivencia. Hasta que un día de borrachera logramos percatarnos, gracias a que ellas estaban un poco más intoxicadas que nosotros, que llevaban tiempo intercambiándose. A mí en particular no me molestó para nada, eran tan parecidas en todo -incluso en sus nombres: yo estaba con Deyanira y él con Yanira o eso pensábamos- que casi nunca podía diferenciarlas si se lo proponían, y aunque él se sintió por un tiempo, terminó aceptando la situación y jugando bajo las leyes de ellas al igual que yo. A veces éramos cuatro en la cama, a veces tres y algunas otras dos. Lo mismo pasaba en todos los otros ámbitos caseros. Sin embargo, la verdadera cuestión con las gemelas era que nunca sabías nada concreto de su mundo potenciado. Siempre juegas bajo sus reglas…