El tras-“fondo”

La mañana era pálida y los rayos de luz apenas se sentían en la piel al contacto directo. Salí a caminar por el centro para aclarar las ideas que se habían acumulado durante meses. Sin embargo, no encontraba ni el camino, ni la forma para desenmarañar el cúmulo de sensaciones apiladas en el interior.

Hacía unas cuantas semanas que vivía en aquella azotea y desde la mudanza todo comenzó a moverse cada vez más rápido… Los conocí en el tras-fondo de una fonda donde gracias a que nadie se enfermaba después de la primera vez, muchos de nosotros terminamos yendo seguido. La fonda sufría de esa doble personalidad que los inmuebles de la ciudad adquieren con el tiempo. Por lo que en el tras-fondo te vendían alcohol, podías fumar y relajarte con los co-habitantes… Al tercer día de ir a la fonda y preguntar si podía llevar una chela para comer, Yanira me recomendó ir por una puerta que nunca había visto abierta y tocar por la siguiente a la izquierda. Claro, porque, al “fondo”, generalmente se entraba por el corredor del edificio. Me recibió “Yanira” y al ver mi asombro me dijo que eran hermanas gemelas –Deyanira y Yanira– y aunque se intercambiaban para atender ambos lugares, el nombre meseril se mantenía por lugar: Deyanira en el fondo y Yanira en la fonda.

En ese momento fue cuando todo comenzó a tomar velocidad y como siempre la línea de salida fue una tremenda borrachera. Y claro, la exaltación de vivir solo y los pocos descubrimientos que iba haciendo del centro me dejaron inconsciente en una esquina del lugar, después de discutir con varios vagabundos que terminaron llevándome a rastras a mi cuarto de azotea…