Sueños guajiros

Hoy verte me hizo querer más de ti. Entonces el tiempo trasnochado de la sin razón se coló poco a poco en el curso de la luz del día. Hoy esperarte me desquició los minutos. Así fue como descubrí que esa pátina de rabia se ha apoderado de todo. Hoy escucharte me hizo sentir cuanto te quiero. Sin embargo, los sentimientos cuelgan solitarios entre tendederos endebles de azotea. Hoy hablarte me recordó cuánto te extraño. Y la razón, sí, la razón, esa perra desquiciada que clama por la verdad, pues la razón se cayó del zócalo estrellándose contra la banqueta. Hoy te amé un poco más. Aunque sólo logré vislumbrar cómo aquella perra desquiciada fue pisoteada centenares de veces hasta desaparecer entre las líneas del concreto.

Rotores y sensaciones mañaneros

El helicóptero no dejaba de dar vueltas desde temprano y sus aspas licuaban los sentimientos, junto con toda idea coherente que pudiera emerger de la arena en que mi cuerpo se había convertido. Mis manos se deshacían en miles de solitarios granos de polvo. (más…)

Por la mañana

Después de una noche lluviosa la mañana inundó el cuarto con una luz cenicienta. El  frío se posó en mi piel. Palpé el hueco de la cama que había dejado Deyanira, todavía estaba tibio, lo cual contrastó con el frío arraigado entre mis poros. Sin embargo, al escucharla en la cocina preparando el café, deseé tenerla dispuesta a dejarse llevar con caricias y besos matutinos llenos de una ligera somnolencia; (más…)

Viviendo juntos…

En un pequeño departamento llevábamos  los cuatro viviendo algún tiempo. Habíamos dejado nuestros cuartos de azotea y casas familiares, pero lo más importante era que entre todos nos alcanzaba para la renta y que la emoción se sentía hasta en las paredes. De haber convivido como amigos creo que hubiéramos acabado igual, porque solo después de un tiempo de pasearnos por entre los cuartos nos percatamos de la extraña aura que envolvía a las gemelas.

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Latidos

En un momento dado puedo estar inclinado al precipicio de la ciudad. Es un juego de azotea en el que camino de madrugada por la orilla de la barda, balanceándome entre el rojo y el verde… entre la vida y la muerte… (cómo odio estar siempre en el amarillo).

Por entre los visillos de una persiana imaginaria quería encontrar ese momento perdido en tus ojos, pero al final solo quedaban las grietas del techo esbozando amargas sonrisas y despiadadas miradas. Otro juego que repetía sin cesar cada noche antes de salir a la ciudad para encontrarme una vez más con los amigos que, poco a poco, había ido coleccionando en las pocas cuadras que se habían vuelto mi deambular.

Fue en esos momentos, entre el filo de la azotea y los visillos imaginarios, que comencé a escribir una historia en la que yo era otro, pero de nuevo volvió a suceder que la trama, junto con los personajes, me traicionaron para volverse otros, siempre en busca de una venganza, y desaparecerme de mi propia historia. Ahora no quería seguir escribiendo porque me había perdido y todo había empezado porque deseaba encontrarme fuera de las falsas sonrisas y de la falta de valor para saltar. (más…)

Entre-visiones

Indiscutiblemente las nuevas sensaciones revuelven el interior y permiten nuevas visiones del mundo. No todo está perdido y uno no siempre está perdido, aunque esa sea la sensación constante. Uno llega a extrañar la extrañeza y lo extrañado puede ser algo nuevo o que simplemente uno nunca tuvo… Por ahora, dejaré llevarme por las ondas de la luna en el agua. Leeré una nueva/vieja historia y recordaré tiempos pasados con nuevas emociones. Probablemente todo esto sea un sueño de esos que en las mañanas nos retienen en el calor de la cama. Probablemente todo esto sucede en las páginas de un libro llamado Rayuela…

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